Hay momentos en los que debes
cambiar de aires o sino, sales volando por culpa de un tornado arrollador. Y es
que resulta muy ilustrativo el estar viendo, como me ha pasado a mí hoy, una
película en la televisión como es: “Wanted”, con una gran Angelina Jolie, y
sentirte reflejado en una frase que nunca te gustaría compartir: “Lo peor de acabar la jornada, es que mañana
será el mismo día”. Escuchar esto de boca de un personaje que interpreta a
un desgraciado contable es un poco lamentable, todo el mundo se le echa encima al joven protagonista Wesley
Gibson, interpretado por James
McAvoy; su gran jefa no la da tregua, su novia se la pega con su mejor
amigo, y para rematar –nunca mejor dicho- le quieren asesinar. Un lujo de
existencia vamos; y lo peor de todo, salvando y guardando las distancias, es
que yo mismo me identifico con él. Sucesión de verdades, una detrás de otra que
asustan y predicen un futuro aún no escrito, pero para nada obviado.
Cómo sentirse un “mierdas” cuando
lo de alrededor no te convence, necesitas algo más pero no sabes el qué, un
enorme dilema dilatadamente cuestionable. Largos paseos, anchas dudas,
profundos pensamientos, y una visión ampliada al resto de posibilidades que
eres capaz de abrir en estas horas intempestivas. En ocasionadas épocas de
vuestras vidas, ¿no os parece que estáis anclados en el día de la marmota? Lo
peor de esta fortuita entrada es que no sabes cuando sales de esta espiral, si
es pasajero o siempre estás en ella salvo en circunstancias positivas de la
vida.
Y ahora ¿qué camino escoger? El
que conoces de sobra todo su asfalto y sus curvas y te resulta monótono cada
viaje, o te atreves con algo nuevo? Los arrepentimientos no tienen cabida en
las decisiones arriesgadas. Si todo te parece lo mismo y encuentras taras no
veo por qué razón no podemos desviarnos un poco de la senda o, incluso
retroceder lo hecho, si se puede, para tomar la salida anterior dirección a
ninguna parte del pasado. Solo puedo cerrar esta mini-entrada reflexiva con una
frase aparentemente sentenciadora, pero que no hace mal a nadie, ni siquiera a
uno mismo, únicamente es escrita para que mi turbada mente no la olvide.
Lo
dicho ahí queda; lo hecho, aún queda por decir.
A los que nos gusta viajar esto
es una meca de las nuevas experiencias de juventud siempre recordables. Hablo
de la estancia ERASMUS, ese palabro que engloba tanto calificativo juerguista y
poco esperanzador. Pero, ¿qué ocurre cuando la persona que se emprende en esta
aventura no eres tú, sino alguien cercano a ti? Una mezcla de envidia, alegría,
tristeza, nostalgia, o de preocupación te embriaga en el peor momento antes e
su marcha; la despedida.
Ya puede estar fuera tres
meses, ocho, o dos años, que la sensación será la misma en todo ese tiempo. Se
trata de una huida prematura con dirección a una salida que pueda ser viable o
no. Una emigración con retorno marcado por un billete de
avión. Ganas y desganas se juntan en un nuevo sentimiento que surge en la
primera lágrima del adiós al entorno más íntimo. El día en que te asomas por la
ventana y piensas: ¿Otra vez la misma instantánea nada más levantarme? En que aburrida ciudad me estoy apalancando. Echarías a correr sin maleta y sin mediar
palabra alguna ni con el choque contra gente a la que nunca has hablado pero
tienes más vista que un plato de lentejas.
Cualquiera tendría que tener la
oportunidad de subirse al barco y zarpar, o el avión y despegar hacia un lugar
que es nuevo para ti pero que casi con toda seguridad sabes que está hecho para
tu recibimiento ocasional. Y llega la hora, echas los cuatro lloros
correspondientes dictaminados por el protocolo familiar y de la amistad y
surgen los nervios del primerizo. Es normal, vas a romper ese cordón que te unía
a no sabes muy bien el qué y que no te dejaba marchar. Las ataduras se
reblandecen en cada paso al horizonte deseado, la distancia se hace palpable
como muestra de todo lo que aparcas a la intemperie hasta vete a saber tú
cuando.
Pero no pasa nada, todos
mandamos suerte y ánimo al que de verdad tiene la verdadera oportunidad de huir
temprano. A ti, el que sigue anclado al no ostracismo, te da pena, y mientras,
esa persona que se fue se está riendo de ti por lo idiota que eres al pensar
eso, ¿pena? Pena la que me da no haber disfrutado de este experimento del señor
Erasmo de Rótterdam antes.
Si
ya tenían razón los considerados inteligentes:
“Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte”.
Miguel de Unamuno
“Los viajes sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos y
para despojarse del prejuicio de que sólo es la propia patria se puede vivir de
la manera a que uno está acostumbrado”.
René Descartes
“Los viajes son
en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia”.
Francis
Bacon
“Viajar es el paraíso de los necios. Nuestro primer viaje nos descubre la
indiferencia de los lugares”.
Ralph Waldo Emerson
Todas estas frases se resumen
en: Vete, disfruta, olvídate de todo, aprende lo que te enseñen, vente, muéstralo,
y huye a otra lugar, cuantas más veces repitas esta ecuación menos sentido
tendrá tu aburrimiento y mayores galones obtendrán tus significado de las
cosas.
Con especial dedicación
a nuestra y digo nuestra gran compañera y amiga:
Por suerte en esta vida existen
personas tocadas por un ángel, a los que de tanto ofrecimiento gratuito
exportado, reciben un apoyo inimaginable. Tengo que destacar en esta entrada el
nombre de un gran hombre: Fernando Cáceres(7 de febrerode1969,San Isidro,provincia de Buenos Aires). Él no es extremeño, sino argentino, y ha
recorrido innumerables campos de fútbol desde su debut en 1986 con Argentinos
Juniors, como dicen en su país; es un gran canchero.
Su estatura 1.80 cm
le hizo valedor de establecerse como el jefe de cualquier zaga, siempre atento
y ordenado, su logística formaba parte esencial de lo que fue su posición en el
eje defensivo. Quizás no brillaba por su presencia la técnica que tanto se
valora ahora, pero Fernando sabía colocarse en el lugar oportuno, estaba en el
sitio del conflicto incluso antes de que éste sucediera.
Tuvo que dividirse en dos tierras
separadas por un gran charco que nunca dudó en cruzar. Se convirtió en
abanderado tanto del su lugar de nacimiento como de donde surgió su
asentamiento en el deporte, su querida España. Sus botas formaron parte de la
historia de grandes terrenos de juego como la Romareda; Zaragoza (1993-1996),
Mestalla; Valencia (1997-1998), Balaídos; Celta de Vigo (1998-2004) y el Nuevo
Arcángel; Córdoba (2004). Sus largos paseos por el césped de los estadios de
nuestra Liga le hicieron hacerse un hueco entre los jugadores mayor aclamados y
más queridos.
Un comportamiento ejemplar fue su
premisa siempre presente dentro y fuera del estrambótico y comercial mundo del
fútbol. Todo esto le sirvió para pertenecer a esos pocos luchadores con escudo
de su nación en el pecho, Cáceres pudo hacerlo durante los años 1992 y 1997,
proclamándose campeón de la Copa América en Ecuador en 1993.
Pero, y aquí saco mi vena maña,
por lo que muchos le recordamos en lo que a hitos deportivos se refiere es por
ese fantástico año para el zaragocismo, aquel 1995. La alineación de aquel
entonces te hacía salivar de manera inefable: Estos héroes unidos eran:
1-Andoni Cedrun.
2- Alberto Belsué.
3- ChuchoSolana.
4- FernandoCáceres.
5- Nayim.
6- XaviAguado.
7- MiguelPardeza. (c)
8- SantiAragón.
9- Juan EduardoEsnáider.
10-
Francisco“Paquete”Higuera.
11- GustavoPoyet.
Este equipo llevó al Real Zaragoza, en la
noche del 10 de mayo de 1995, al título más importante de su historia al lograr
la Recopa de Europa, por 2-1, ante el Arsenal inglés en el Parque de los
Príncipes, en París. Algo que sabemos que nunca va a poder ser superado en la
vida. Por eso aun podremos decir eso de: “Siempre nos quedará París”.
Como buen ex-zaragocista, Cáceres
tiene un corazón de león al servicio de la humanidad. Este sudamericano
emigrante se hizo un hueco en la hinchada blanquiazul con el sobrenombre de “el
negro”, como así se le llamaba con anterioridad, y llevado sin racismo alguno.
Un cisne negro al que siempre le tocaba bailar con la más fea y nunca se quejó.
Y llegó el fatídico día, nadie lo
esperaba, pasó muy rápido sin levantar polvareda pero pronto llegó la ventisca
de arena a todos los espacios abiertos. El día 1 de noviembre de 2009, Cáceres
iba en su coche negro –no podía ser de otro color- por una de las calles de la localidad de
Ciudadela, Buenos Aires, cuando tuvo que verse obligado a parar el vehículo
tras ser increpado por cuatro desalmados delincuentes. Éste recogiendo valor se
negó a suministrarles lo que pedían sin darles el gusto que tanto ansiaban.
Este embrollo culminó con el peor final que podía haberse dado; apretaron el
gatillo y la bala fue directa a la cabeza del bueno de Cáceres. Perdió un ojo y
se fracturó el cráneo, en esos instantes de la hospitalización, todo el mundo
del fútbol apoyó a esta gran persona, las muestras de ánimo y cariño iban en
aumento constante y exponencial.
Las operaciones se alargaban y se
prolongaban en su intento de extirpar el proyectil de su cabeza, mientras
tanto, se juntaban amigos del deporte balompédico para disputar encuentros
amistosos a favor de la ausencia del crimen y siempre teniendo de trasfondo la
figura de Fernando. Finalmente, y mediante las palabras del médico que lo operó en el hospital Ramón Carrillo, se
dictaminó que la bala se alojó en un lugar muy complicado y no se pudo extraer.
Fernando se estaba recuperando poco a poco de las graves lesiones, la oscuridad
debe esperar para “el negro”.
Un caso similar ocurrió en
2010 con el delantero paraguayo Salvador Cabañas, quien estando de madrugada en
una discoteca de la capital mexicana, fue tiroteado por varios individuos
cuando se encontraba con su esposa. Un año más tarde, y con 30 años a sus
espaldas, se encontraba entrenando con el campeón de Paraguay, el equipoLibertad
de Asunción.
En
estos días hemos vuelto a comprobar el estado de ánimo y la respuesta física
del que fuera estandarte del zaragocismo de la Copa del Rey de 1994 contra el
Celta de Vigo y, por supuesto, la Recopa de Europa. Fernando concedía una
entrevista en exclusiva tras anunciar que había vuelto a nacer. En ella se
observa como su pasión por el fútbol sigue intacta, y sufre cuando nuestro Real
Zaragoza posa pie y medio en el descenso a la liga Adelante. Pero, lo más
grande de todo, es que no quiero dejar escapar la oportunidad de poder entrenar
algún día al equipo de la capital aragonesa. Lo último que podemos escuchar en
la entrevista, y siendo palabras textuales es:
Y
a los hinchas del Zaragoza, que me guarden un
lugarcito porque algún día seré el entrenador del equipo con mi amigo el Pipa
Gancedo. El que antes era un vago y ahora va a tener que correr.
Todo
el zaragocismo esperamos que así sea y que inculque todos los valores que
Cáceres representó para el fútbol profesional y que quedaron implantados en el
escudo del león. Hoy “el negro” ha vuelto a rugir.
El género de las
entrevistas, un modelo de periodismo válido para cualquier circunstancia.
Sonsacar información es su meta, sus herramientas; la profesionalidad. Saber
cómo responder frente a situaciones adversas y reponerse de los batacazos en
forma de argumentos verbales de tu oponente. Así se presenta la película
–basada en hachos reales- El desafío:
Frost contra Nixon. Una alegoría al esfuerzo y la constancia. El reconocer
unos valores que muchos piensan que todo el mundo posee al nacer; ¡No todo el
mundo es periodista por saber coger un lápiz señores! Que existen individuos a
los que va dirigida la frase: “Le gusta más que a un tonto un lápiz”.
No confundamos
churras con merinas. No tomemos como ejemplo de periodismo los engendros de
programas pilotados por italianos, o los insultos a la cultura de algunos de
los tertulianos más alabados. Porque estas personas engrandecen el trabajo –a
veces desconocido- de profesionales de la escritura a mano alzada, como si
apenas pensaran, podría citar muchos pero me quedaré con el que ha engendrado
libros de periodismo como manuales a llevar siempre presentes en cabeza y
bolsillo, Fernando López Pan.
Sus obras son
santo y seña de mi estudio, más que una guía es el GPS que te lleva directo a
tu destino de la manera más corta y eficaz. Palabras con sentido, dar sentido a
las palabras y no hablar por hablar llegando a los gritos y pasando por los
rebuznos que podemos observar en los gallineros de la jaula tonta.
David Frost, pese a ser consagrado como showman, se atreve a meterse de lleno en las entrevistas de a
fondo. Un género que requiere de mucha práctica y más si el entrevistado forma
parte del ámbito político, no debes dejar que se vayan por las ramas.
Este afamado
presentador británico toma la iniciativa para aprovechar la oportunidad de
ponerse frente a frente con el ex presidente de los EEUU Richard Nixon, una
ocasión única para tratar temas tan tabúes como el indulto por parte de Gerald
Ford o el caso Watergate.
Un periodista no
desaprovecharía nunca esa acometida, e incluso, pagaría como hace Frost, para
tener una cita tan importante como la que consigue. Dudo que cualquier persona
tuviera lo que hay que tener para mantener un diálogo con ritmo, educado,
agresivo y certero frente a rostros tan polémicos.
La solución es
bien sencilla, leer y estudiar y saber criticar consejos y libros de los más
importantes periodistas habidos.
Qué sensación de
incomodidad aflora con la contaminación, sobre todo la que emana del ruido. Nos
acostumbramos tanto a oír de todo, que apenas nos sabemos ubicar cuando no
escuchamos nada. Un taladro incrustado en el cráneo que no para de martirizar y
de abonar desasosiego emocional. La búsqueda del vacío sonoro es clara y
reconstituyente. Unos instantes de soledad momentánea que te ayudan a
establecerte como persona en esta sociedad de las prisas hacia ninguna parte. Me
salvan las situaciones tranquilas dedicadas, entre otras cosas, al escribir por
escribir. Una práctica en constante depresión que ahuyenta a enemigos y
conocidos.
Los pinchazos acaparan la
pertenencia a cualquier grupo humano, la paciencia termina en la impaciencia
propia por salir de un infierno vital al que estás sometido por conveniencia. El
regirse por los demás implica el desvanecimiento de una de las grandes claves
que nunca debería desaparecer, la soledad. “Mejor solo que mal acompañado”,
dicen algunos; y yo les contesto que en circunstancias no ocasionales: “mejor
solo que bien acompañado”.
Es cansado tener que
dar explicaciones varias por algo que solo tú piensas y dudas en que los demás
puedan llegar a comprender. El proceso de reflexión interno, con uno mismo, no
es comparable con ningún diálogo, por profundo que sea éste. El feed-back inconcluyente al que avocamos
siempre al fracaso por el mero hecho de no querer comprendernos los unos a los
otros, se trata de conversaciones dictaminadas por la educación, pero que pasan
como mero trámite personal para continuar con nuestra caminata.
Un paseo entre
naturaleza, lo puro se nos apresenta de forma voluntaria y casi sin utilidad
musical. Olores y percepciones visuales ganan la partida a nuestras escuchas
sin oídas. Por eso, a veces lo mejor es huir al monte en una no averiguación de
reprochables comentarios, solo inofensivos silbidos con significado desconocido
que recuerdan que pertenecemos a otra especie animal, y como seres humanos que
somos a veces ni nos entendemos nosotros mismos, sin embargo nuestro sonido
expulsado suena realmente estridente frente a los originarios de otros
animales.
Un grito desgarrador es
la solución, muchas veces, a pequeños susurros malintencionados con intención
agarradora de intenciones malditas. Un último aliento, apuntado hacia el techo
formador de un lecho de nubes, sin respiración asistida.
Nos hacemos mayores, recolectamos
experiencia a marchas forzadas haciendo rugir nuestro mecanismo. Pero, cuando
ya cultivamos alguna cana, recordamos los momentos preadolescentes en los que
disfrutábamos con cualquier cosa como lo que éramos: unos críos. Imaginábamos
nuestros sueños aún estando despiertos, confiábamos en un futuro que creímos
lejano. Muchas fueron las esperanzas depositadas en una pequeña ambición por
ser algo, o por nunca serlo.
El mundo lo teníamos a nuestros
pies, muchos caminos que recorrer para una sola persona, fuimos los reyes en
ese momento y quisimos que el reinado nunca acabara. Íbamos a hacer esto, lo
otro, lo de más allá, aquello que nos tenía enamorado, lo que nos obligaban los
adultos… Todo tenía cabida en nuestra diminuta cabeza de chorlito, sobre todo
melodías que eran nuevas para nuestros inocentes oídos. Por eso, hoy en día, seguimos
con la copla de ésa canción que nos marcó, y formó parte de la banda sonora del
destino que tuvimos en mente.
Me apetece, por tanto, rememorar
unos acordes que me acompañaron años atrás y, cada vez que los vuelvo a oír,
rejuvenezco un poco en este caos llamado vida. La motivación viene con el grupo
hispano-sueco Undrop, y su pegadizo tema “Train”. Bien es cierto que, como
suele ser habitual, lo que les catapultó fue su aparición en un anuncio de una
conocida marca de refrescos como es Pepsi; pero ahí estaban ellos con su
composición alegrándonos una buena tarde. Cuando salía el anuncio empezaban las
palpitaciones y las ganas de saltar para olvidar todo, eran mediados los
noventa por aquel entonces.
Todo eclosionaba y se convertía
en algo nuevo para mí, que no podría dejar escapar. Una reivindicación -aún sin
saber exactamente el contenido de su letra- pero que al escucharla una vez la
hacías tuya. Ese tren lo visualizabas y reías preocupado al pensar qué
locomotora será en la que finalmente aterrices para el gran viaje hacia no se
sabe donde.
En esos años nos sentimos
partícipes de un nuevo movimiento llamado Generationext.
Era algo así como salirse del esquema preestablecido de lo dictatorial de
las normas morales. Nos vimos involucrados en un ecosistema cultural con unas
bases esenciales; hacer lo que te apasione aunque no seas perfecto. En esta
campaña publicitaria se abogó por un “lo importante es que te guste a ti”. No
dejarse perpetrar por comportamientos u opiniones banales de los demás, cada uno
es dueño y señor de sus decisiones y equivocaciones varias. Es cierto que la
experiencia es un grado, pero también es verdad que hay que regirse por
momentos y circunstancias, si mantenemos todos el mismo nivel y, la misma
tonalidad de implicación, todo tendría un carácter aburrido e igualitario en el
peor sentido. Destaca entre la multitud, sé tú el siguiente en dar el paso para
indagar en lugares inhóspitos y deshabitados. Sigue el ritmo que tú mismo
quieras imponerte y arranca con dirección a ninguna parte.
Dicen que en la vida hay algunos
trenes que no puedes dejar escapar, y seguro que tienen toda la razón, pero yo
no voy a subirme a ningún vagón de trenes que no se quién los conduce. Prefiero
construir mi propio futuro, mi propio vehículo, y poder ir a donde me plazca,
cuando quiera y con quien lo desee y le apetezca. Hoy seré maquinista sin
experiencia alguna y sin complejos pasados que acumulen falsas expectativas.
Si cualquier persona quiere
levantar la mano para cortarte las alas, sé más rápido y quítale las ganas de
hablar, porque cualquier día en tu vida sigue siendo tuyo y no de extremidades
desconocidas; There is a train, it’s leaving today.
TRAIN
There is a train, it’s leaving today (yeah)
It’s leaving today and I’m gonna get on it
There is a train so don’t let it pass without you
Don’t let it leave without you, just get on it
There is a train that leaves tomorrow
And we’re gonna get on it,
There is a train, common let’s hurry
Let’s get on it... there is a train
Chorus:
And it’s going away (x3)
Going to a higher destination let’s get on it
And it’s going away (x3)
Going to a higher destination let’s get on it
There is a train only a moment away
It’s coming like a wave, let’s go for a ride
Like a healing herb, yeah it’s like a cure
A million powerful flowers in bloom
There is a train that leaves tomorrow
And we’re gonna get on it
There is a train, common let’s hurry
Let’s get on it... there is a train
(Chorus)
Let’s give thanks and praises to the supreme
By singing his glories over and over and over again
Using Sri-krsna-cattanya-Prabttu-
Neyananda. Sri - Advaita gadadhara
Srivasad - Gaura Bhatka Vrnda
Hare Krsna Hare Krsna Krsna hare Hare
Hare Rama Hare Rama Rama Rama...
If you’re going to be happy in this life or not
Dualities of being cold and next moment being hot
Depends on what you used to do and what you do today
So just get on this train cause it will...
Take us away (x3)
And it’s take us away (x3)
Going to a higher destination let’s get on it
And it’s take us away (x3)
Going to a higher destination let’s get on it
PD a Robert Bodegas: Yo también
amanecí del letargo musical con esta canción.
A mis manos cayó hoy
un fragmento de este libro con título más que llamativo. Quizás mi mente ahora
está poco receptiva, pero puede captar el intento de optimismo que se quieren
dan a entender con este texto. Estos párrafos hacen mención a cómo enfrentar
tus miedos una vez se cruzan en tu camino. Con una gran metáfora relatan la
historia de cómo un cocinero hierve en tres ollas un alimento distinto en cada
una: una zanahoria, un huevo y café. Tras la ebullición cada uno de estos
condimentos se muestra de una forma: La zanahoria que parecía dura tras luchar
contra el calor al final cedió y se puso blanda. El huevo que es maleable se
vuelve duro y, sin embargo, el café hace que el agua cambie. Por tanto si tomamos
el agua hirviendo como una metáfora, ¿cómo nos debemos enfrentar al mundo?
Podemos, como una zanahoria, deprimirnos cuando algo va mal y así demostrar que
teníamos una coraza o, podemos volvernos rígidos tras un hecho inesperado y
cambiar totalmente nuestra personalidad como el huevo. Pero por lo que tenemos
que combatir es por ser café y ser nosotros los dominadores de los miedos o de
los traumas que tengamos. Su apariencia es difícil por eso lleva de una guerra
constante, día a día y, sobre todo, si cada vez la cuesta es más larga.
La solución sería
dejar de lado los malos pensamientos, que son aquellos que tu mente impone y
que no son verdaderos, y atarse a los buenos momentos de la vida. Eso es la
teoría, ahora toca ponerlo en práctica. Se intenta siempre ir en busca de la
felicidad, pero nunca sabes donde podrías encontrarla, esa es la verdadera
complejidad. Podría asemejarse en algunos aspectos al libro de Robin S. Sharma, El
monje que vendió su Ferrari. En esta obra el personaje principal escapa de
la rutina inservible y de la espiral sin sentido en la que se encuentra
inmerso, para acabar en una orden de los monjes con su pleno convencimiento de
que ese es el camino. La dirección de nuestra vida o cómo nos aferremos a ella
es solo decisión de uno mismo, al igual que el modo de vivirla. Y así lo
refleja en una de las frases que aparece en este libro: “Cuando has
cultivado un sentido profundo de la fe en tus posibilidades, y un espíritu
indomable, nada puede impedir que cumplas lo que te propongas” (página 111).
Aun así, se que es complicado, que me lo digan a mí…
Lo difícil, en la mayoría de las
ocasiones, es ir despacio. La rapidez nos puede, y la vagancia nos salvaguarda
cuando la energía desfallece. El último recurso es apelar a la suerte y, que
los astros coincidan en su mirada hacia nuestra acción estelar. La casualidad,
en contadas situaciones, hace acto de presencia para separar las nubes e
iluminar lo que, con tan poca concentración, le dedicamos un ligero gesto como
de estreñimiento.
Algunos valientes perseveran en
su idea de no dejar nada a la improvisación. El azar conlleva la esperanza en
algo que no percibes, creencias en una fe con demasiados devotos que casi nunca
salen favorecidos. La constancia de uno mismo en lo que uno haga, el superar
obstáculos, ya sea saltando, nadando, corriendo o luchando, te curtirán en el
aprendizaje de lo que significa la vida. Decaerse no es de débiles, achacar
errores y fallos forma parte de la evolución, pero el levantarte y seguir
corriendo conviértelo en santo y seña en tu diario.
Sí, la verdad es que los muros
existen, pero se mantienen firmes para su pausada escalada hasta sobrepasarlos.
Nos quejamos de todo y se ríen de nosotros pero, el desafío es continuo y solo
tú ganas o pierdes porque compites contra ti mismo. El entrenamiento es el alma
de cualquier actividad a ejecutar. La meta siempre en mente y el camino, pese a
estar repleto de vallas, es un ligero paseo si el entrenamiento y la voluntad
hacen mella en nuestra cabeza. La superación debe formar parte de nuestro día a
día sin que nos llegue a causar reparo ni fobia alguna.
Ya puede ser juego en equipo, o
trabajo exclusivamente individual, que la implicación personal debe ser la
misma, pese a discrepancias halladas. El objetivo está ahí, el esfuerzo es la
mejor dieta cuando tienes un propósito que cumplir situado entre ceja y ceja, a
menos que seas el estadounidense jugador de baloncesto Anthony Davis, en cuyo caso este último comentario no sirve.
Ante
todo seguir haciendo lo que a uno le apasiona desde una perspectiva continua y
sobrellevando altibajos, porque en esta vida nos convertimos en alpinistas de
nuestros propios miedos, y dueños de nuestras decisiones. Por ello, la fuerza
bruta casi nunca lleva a buen puerto, solo con largas brazadas alcanzarás la
orilla. Y como me dijo una vez mi abuelo: “Más vale tarde que nunca”.
Mi intención nunca ha sido tomar
parte protagonista en un juicio cada día. Hay que tener personalidad, carácter
y perseverar en lo que uno cree, pese a las acusaciones de la competencia
desleal. Mientras mantengas los pies en la tierra, nadie podrá descalzarte, por
muy grandes y limadas que tenga las zarpas. Hoy combatiré y me enfrentaré a un
ejército de colosos luchadores. No importa el arma que elija sino la táctica
que escoja.
Hay que conservarse sereno en la
adversidad, confiado en las contradicciones subyacentes que afloran con filo
cortante. Los golpes vienen a pares y, a veces, van recubiertos de un puño
americano para causar más dolor al otro. Un enemigo que surge de repente y sin
saber uno muy bien de dónde salió o cómo se ocasionó todo. La avalancha de
refutaciones empieza a ahogar, y sin nada en que agarrarte es difícil continuar
flotando, las cosas claras y la mierda espesa.
Las reclamaciones solo son
válidas para gente con proyecto de dignidad, no para caracteres endebles
capaces de ser manipulables por una mano no acostumbrada a perder. Yo no soy un
muñeco ventrílocuo y, sobre todo, nunca dejaré que me den por el culo de
ninguna manera. Las “gracietas” hasta un punto son aguantables, pero en esta
vida la permisividad tiene un límite y uno, después de tantas experiencias ya
vividas, ya no se achanta con palabras escritas. Intimidaciones para los
extorsionadores, y no para aprendices de superhéroes de calzoncillos por fuera.
Te pueden tocar el brazo, la
espalda, y hasta el culo, pero una vez que rozan tus partes nobles sin tu
consentimiento, ahí aparece la desconfianza y distanciamiento irreconciliable y
recíproco. No dar el brazo a torcer si, pese a rumiar en tu cabeza toda la
situación, sigues sin ver otra dirección que la que ya elegiste y empezaste a
recorrer. Pero la verdad, la fase vacuna ha pasado a mejor vida, es hora de
comerse el mundo y cagarlo con desgarro anal, como si estuviese haciendo de la
realidad un videojuego y me quisiese cargar a alguien. Motivos tengo para
realizar infinidad de actividades lucrativas, aunque la mayoría sean de
semblante y actitud solitaria. Las aptitudes que manejo quizás no sean muchas,
pero las pocas que controlo, las dirijo que no veas amigo.
No haré mucho relajado en la cama
tecleando letras que no llegan a ningún lado, pero como tampoco me quita nada,
pues al fin y al cabo, es algo que empato. Porque cuando realmente tenga algo
que decir creo que seguiré usando, al menos, el aparato llamado teléfono. Tan
importante son las palabras como quién las dice o de qué manera lo hace.
Y eso con la escritura
apenas es perceptible, únicamente si lees entre líneas se puede ser capaz que
averiguar qué matices son los usados, y qué tipo de indirectas son las más directas.
No es lo mío esquivar, suelo
mantenerme de pie firme e impasible hasta que se agota la munición del
contrario y, luego, si se da el caso, contraatacar, sino, lo mejor es esbozar
una media sonrisa, mirarle a la cara y acabar dando la vuelta yéndote del lugar
del no-crimen a cámara lenta musitando una canción. Eso si que descoloca a
cualquiera. Qué mala es la impotencia y la frustración, capacitada para enervar
la sangre, por muy horchata que sea, a cualquiera.
Ahora es tiempo de esperar a ver
qué sucede y procurar no meter la pata en algo tan sucio, no querría
ensuciarme. Así que de momento esperaré tumbado, que sentado me canso más.